En una reciente expedición a la sureña comuna de
Chanco, en la
VII región del Maule, en la volátil psique de este sujeto surgió esta pregunta cuya respuesta acarrea un valor significativo para la tranquilidad del apetito de conocimiento misceláneo que se sufre cuando surgen, a partir de experiencias básicas, inquietudes que se retroalimentan creando un círculo canicolístico que no se resuelve sino hasta que la duda es resuelta con la misma compleja interrogante, pero esta vez dirigida a alguien que le parezca de los más trivial.
Así fue, entonces como decidí, sin más, preguntar a don Nelson, un sabio chanquino, si el famoso queso Chanco es o no de Chanco. La respuesta me dejó turulato y descubrí una vez más que mi capacidad de asombro está intacta.
Entre casas neocoloniales, talleres de blog y ese olor a tierra mojada que nunca conoceré pero del que todo el mundo hablaba, yo y mi duda caminábamos el pueblo buscando en computadores con lenta conexión a internet y el fondo de un jarro de malta con harina una respuesta. Teníamos una pista:
Rahuil, pero "Wikipedia aún no tiene una página llamada Rahuil". Yo y mi duda, creímos haber oido mal... y a lo mejor nuestra respuesta estaba en
Cuba; pero los hermanos Castro no tenían mucho que ver con la industria lechera. Seguíamos ahí. ¿Qué es Rahuil?
Seguimos investigando. Y oímos de un vasco que trajo ovejas lecheras a Chanco para hacer quesos, quizás él era Rahuil... y el queso es importado del
País Vasco, pero
Ibarretxe no sabía nada del "queso de chancho". Su ignorancia nos cantaba "frío, frío...".
Llovía, la noche había caído sobre el pueblo y más harina tostada había caído en el jarrón lleno de malta. Mi duda, algo borracha, me dice: "Weón, ¿y si Rahuil es un lugar?". Entonces... prendióseme la ampolleta y vi todo más claro, había salido el sol. El alba hizo brillar las gotas de agua sobre la plaza de armas de Chanco que no sólo es un pueblo, sino también una comuna y que de seguro habían otros pueblos, villorrios, caseríos quizás, que podrían ser el origen del queso.
Al salir a la calle, vimos como el mayordomo caminaba presuroso escondiendo bajo la chaqueta lo que seguro era un candelabro, pero decidimos concentrarnos en nuestro misterio. Necesitábamos comprar queso y comprobar el origen de aquel trozo de leche cuajada. Preguntamos en la residencial, a la señora Juanita, pero nos ofreció queso de
Parral:
-No, si queremos queso de Chanco, -repuso mi duda. Doña Juanita, algo extrañada de una duda parlante, le respondió
-Sí, es chanco, pero es de Parral.
-Usted no entiende, señora. Lo que queremos es queso
de Chanco, no queso chanco nomás.
-Pero, si éste es rebueno... -Al ver que de esta conversación no sacábamos nada en limpio, agradecí al deferencia a doña Juanita y arrastré a mi duda conmigo.
Sentados en la plaza de Chanco, mi duda y yo no sabíamos donde ir. Un misterioso hombre vestido de negro nos habló desde nuestras espaldas:
Vayan a ver al oráculo. Él les orientará. ¿Qué? ¿Quién? ¿Dónde? ¿Cuándo?
Visítenlo. Al oráculo. Tres cuadras al oriente. Ahora mismo. Él sabe que irán. Mi duda y yo nos miramos y aquel misterioso hombre saspareció.
Dicho y hecho llegamos donde se nos indicó y la puerta se abrió sin que hubiésemos llamado. Una mujer mayor nos invitó a pasar. El lugar estaba lleno de certezas, lo que hizo a mi duda sentirse algo incómodo. Nos sentamos. Un silencio tétrico hacía silbar las rendijas en el techo de zinc. Una de las certezas, la más joven de todas, puso sobre la mesa un jarro de malta con harina y tres vasos largos, luego sirvió los vasos y el oráculo nos invitó a beber.
Mientras bajábamos las maltas, el oráculo examinaba mi duda. Seguro lo encontró medio idiota y un poco insípido para darle tanta bola. Una vez terminados los tragos. Pidió a mi duda que le alcanzara el vaso y juntos se los acercamos. No -dijo el oráculo- sólo necesito el vaso de la duda.
-Y, el mío... ¿no sirve?
-No.
-¿Por qué no?
-Porque no.
-Entonces, ¿por qué me sirvió un vaso?
-Porque no es educado no ofrecer un embeleco a un visitante, por rasca que sea... el visitante, no el embeleco. -Mi dudame miró, sin entender el comentario. El oráculo tomó el vaso en sus manos y comenzó a leer la harina. -No eres muy inteligente -partió. -Eres una duda tonta, que unos recovecos de complejidad que te hacen más idiota todavía.
-¡¿Es de chanco el puto queso o no?! -grité. Mi desesperación ya era visible.
-No. -sentenció la vieja.
-¿De dónde es? -arremetí...
-De Rahuil. -dijo con serenidad.
-¿¡Y qué chucha es Rahuil?!
-Es un pueblo.
-¿Dónde queda? -pregunté, con la expectativa de dilucidar mi duda.
-En Chanco -dijo una voz desconocida a mi lado -Rahuil es un pueblo que queda en Chanco, de donde es el queso, que es al mismo tiempo de Chanco... -a mi lado, mi duda ya no era. Era una certeza más.