El Arlington Cementery está cruzando el río Potomac, lo que implica que ya no estaba en Washington DC, sino en Virgina y, si bien, es un lugar muy bonito y demasiado poco tétrico para ser un cementerio (aunque igual ni cagando me paseo por ahí de noche), me pareció un enorme esfuerzo propagandístico nacionalista gringo. Dos presidentes enterrados allí, entre ellos el asesinado John F. Kennedy, sobre cuyos restos arde siempre una antorcha; un memorial terrible de rasca para los astronautas fallecidos cuando el transbordador Challenger que explotó justo tras el despegue en 1986 y que de alguna manera es mi primer recuerdo noticioso; un aburridísimo Monumento al Soldado Desconocido con una guardia latera, medio robótica de la cual hay muchas fotos porque era lo más entretenido que se podía hacer mientras los lentos movimientos de los soldados me hacían bostezar.Sin embargo, el paisaje es impresionante. No sólo las miles de tumbas uniformadas en la mayoría de los sectores del cementerio (las de los soldados y oficiales rascas), sino la vista monumental hacia la ciudad. Las cúpulas del Jefferson Memorial y del Capitolio, el obelisco a Washington, el Pentágono, el enorme Potomac son parte del tremendo paisaje que se puede apreciar desde Arlington. Todo el sitio era propiedad de el máximo jefe del Ejército de los Estados Confederados de América, para la Guerra de Seseción, el General Robert E. Lee, famoso por inspirar el nombre del tremendo automóvil que manejaban los Dukes de Hazard, el General Lee. A cuento corto, para 1861, los once estados del sur (Carolina de Sur, Misisipi, Florida, Alabama, Georgia, Luisiana, Texas, Virginia, Arkansas, Carolina del Norte y Tennessee -en orden de seseción) decidieron mandarse a cambiar de Estados Unidos y hacer un país nuevo, los Estados Confederados de América. Todo esto gatillado por la decisición de los yanquis (los gringos del norte) y del gobierno de Abraham Lincoln de abolir la esclavitud. El General Lee era un alto oficial del ejército estadounidense y cuyas raíces familiares y económicas estaban en Virginia. Su casa estaba ubicada en lo alto de un cerrito mirando el Potomac y la ciudad capital de EE.UU.. Cuando Virginia declaró su incorporación a la C
onfederación, ésta le ofreció a Lee ser el comandante en jefe del ejército sureño y éste aceptó. Pero el sur perdió la guerra y los terrenos del General Lee, siendo precisamente la frontera norte de la Confederación, fueron básicamente los primeros metros cuadrados recuperados por los yanquis. Lincoln decidió que allí, en el patio de Lee, se enterrarían a todas las víctimas de la guerra, fundándose el Cementerio de Arlington.Audaz apuesta, a mi juicio, la de Lee. Pasó, de un día para otro, de ser un general promedio a ser el comandante en jefe del ejército. Si hubiese ganado la guerra, habría sido el héroe de una nueva nación, tal vez, presidente; pero perdió. Su casa era un cementerio y, al parecer por una confusión idiota, nunca le fue restaurada su ciudadanía estadounidense. Me gusta pensar cómo sería el mundo si en lugar de un enorme y poderosísimo país como EE.UU., tuviéramos dos. ¿Amigos? ¿Rivales? ¿Menos poderosos?
Como de chico era fanático de los Dukes de Hazard, siempre me cayó bien en General Lee y como me gusta la idea una Norteamerica divida, como que me gustan más los sureños, aparte que los yanquis son los malos en Lo que el viento se llevó, pero el héroe nacional es Lincoln. El Presidente que con dolor tuvo
que guerrear con sus compatriotas del sur por la libertad de los afroamericanos y cuyo memorial está conectada urbanísticamente con el monumento a Washington, el padre de la patria, con la piscina donde Forrest Gump y Jenny se encontraron después de tanto tiempo. Todo esto, cruzando el puente desde Arlington por sobre el Potomac, para estar de regreso en el Distrito de Columbia.Aquí es donde comienza el Memorial's Walking Tour. Sentado en la escalera del Memorial a Lincoln pensando que sería excelente recrear esa famosa escena de Forrest Gump, pero que no tengo con quién abrazarme ni quién me saque la foto.
La caminata le lleva primero el homenaje a las víctimas y veteranos de la Guerra de Corea. Una escultura de una unidad militar patrullando. Una imagen cotidiana de una guerra entre gringos y soviéticos en un país cualquiera. Un lugar bonito, pero tremendamente pertunador. Los rostros esculpidos, una especie de ologramas sobre granito con rostros de hombres, mujeres y niños coreanos difusos y la leyenda patriótica que más me molesta y que es la misma de Vietnam e Irak: "Freedom is not free", es catellano: "La libertad no es gratis".
Seguí la ruta bordeando una redonda laguna escindida del río, rodeada de bajos cerezos japoneses floreciendo que me hicieron agacharme más de una vez. A continuación, el memorial al único presidente pseudo-socialdemócrata que ha tenido EE.UU., Franklin Delano Roosevelt, quien lideró la participación de los gringos en la II Guerra Mundial -aunque falleció antes del término de la guerra y antes del bombardeo atóm
ico a Japón-, gobernó por cuatro periodos consecutivos, modificando el proceso de reelección al comenzar el cuarto mandato para restringir la posibilidad de reelección hasta dos periodos consecutivos, e instauró un poco Estado de Bienestar en la cuna del capitalismo, siendo criticado por los republicanos hasta el día de hoy por aquello. Una frase grabada en la piedras del memorial dice: "El hombre y la naturaleza deben trabajar mano a mano. El desbalance de los recursos naturales desbalancea también la vida de los hombres"; siendo el presidente más progresista en la historia de Estados Unidos, ¿habría don Franklin firmado el protocolo de Kioto?- Ahora la galería de fotos Spring Break '06 está completa.







