Tras mi arribo el sábado 18, junto a mis amables y excelentes huéspedes (sí, huéspedes. Buscaba como loco en mi cabeza la palabra para denominar a quienes te reciben en su hogar, y según el Diccionario de
y yo fuimos al match donde se enfrentaron, por la serie regular de la conferencia este de El lunes salí de turista. Armado con mi cámara de fotos, partí rumbo al Museo Memorial del Holocausto y salí agotado. Fue como leer un libro parado y caminando por más de tres horas. La historia de la Alemania post I Guerra Mundial, del auge de Hitler y el Nazismo y la Alemania Nazi; el inicio y desarrollo de la segregación de los judíos en ghettos y campos de concentración, la II Guerra Mundial y la heroíca liberación por las fuerzas aliadas, lideradas por Estados Unidos. El Holocausto es, sin duda, una de las atrocidades más brutales y asquerosas en la historia de la humanidad y el museo se encarga de hacértelo saber. A veces hacer memoria duele, molesta y cansa, pero -aunque duela, moleste y canse más aún cuando es la propia memoria- es un ejercicio necesario para no perder la conciencia. Campos de concentración no hubo sólo en Alemania y Polonia, sino también en Francia y España durante la Guerra Civil, en la Unión Soviética y en los países latinoamericanos donde hubo centros ilegales de detención y tortura. Campos de concentración existen todavía, y aunque sólo se me viene a la cabeza la base estadounidense en Guantánamo, de seguro hay otros más en el mundo. Antes de seguir gritando ¡Nunca más!, ¿no deberíamos cantar ¡Basta ya!?
Así, indignado, partí a la Casa Blanca para reunirme con George. Aunque no lucía mi explícita polera que distingue al Bad Bush del Good Bush, igual no me dejaron entrar, me dijeron el el Presidente estaba ocupado con la señorita Rice en el salón oval. Así que no me quedó otra que apreciar desde el exterior el lugar donde se toman diariamente tantas desiciones que cambiar, aceleran o detienen el curso del mundo. Allí se tomaron las desiciones para que EE.UU. entrase por fin en ambas guerras mundiales; para invadir Corea, Vietnam, Irak, Afganistán, Irak de nuevo; para abstenerse de participar de la Liga de las Naciones y crear las Naciones Unidas; para esperar que el huracán Katrina llegase a las costas de Luisiana y de ahí evaluar la situación; en fin, tantas desiciones que para bien o para mal, según la ocasión y según quien lo evalúe, torcieron el timón de un buque cuya estela arrastra fuertemente gran parte de nuestro planeta.Me saqué fotos y les saqué fot
os a los que como yo le sacaban fotos al palacio de gobierno, me divierten tanto los turistas, parecíamos todos huevones entrando nuestras cámaras para evitar las negras rejas de la Casa Blanca y pidiéndonos entre nosotros que nos sacaran una foto con cara de idiota. Pero lo que más me llamó la atención es la vigilia por la paz (échenle un luquin al link) que está instalada desde 1981 frente a la Casa Blanca. Ahí está, implacable desde hace 25 años esa especie de campamento que lo único que pide es paz. Fotografías de guaguas nacidas tras el bombardeo atómico sobre Hiroshima y Nagasaki y la presencia incansable de Concepción Picciotto están de guardia, siempre ahí, mientras el resto del mundo llega y se va.En la sección fotos, ya subí la primera parte de la galería completa de fotos, o sea, lo correspondiente a lo narrado en este post. Les quedo debiendo la visita al cementario de Arlington y el recorrido por los memoriales instalados en Washington DC.
Nos leemos.