Sin embargo, tengo mi columnista favorito: Javier Martínez. Cuando llega, mes a mes, su material los avisos naranjos del MSN se hacen azules transparentes mientras me tomo el debido tiempo para ver qué nuevo problema no había visto antes en nuestra formación educacional.
Javier Martínez es un español avecinado en Chile. Abogado de formación universitaria, lo que en realidad no significa mucho -según sus propias palabras-, y Gerente de la división Gestión del Conocimiento de la consultora Catenaria, que tampoco dice mucho -según yo.
¿Les parece obvio que para aprender se requiera la necesidad de hacerlo? ¿Se habían puesto a pensar cómo nada de lo que hacemos diariamente en nuestros trabajos tiene mucho que ver con lo que se nos enseñó en la escuela y universidades?
Javier pone en la palestra, mes a mes a través de sus columnas, preguntas tan fundamentales como éstas; que van más allá del cuestionamiento a la reforma educacional, a los problemas de la revolución de los pingüinos y a las críticas tradicionales al sistema de instrucción tradicional (nótese la doble tradicionalidad).
Léanlo. Es un poco largo, pero tampoco es un libro de texto. Ésta es la última columna que le publicamos:
Un árbol de papas fritas
Innovar y ser creativo depende de hacerse las preguntas adecuadas en el momento oportuno, algo que la escuela reprime continuamente.Mi hijo mayor, Iñigo, acaba de cumplir 3 años y hace unos cuantos meses me disparó a bocajarro esta frase: "Mira papá, un árbol de patatas fritas". Debo confesar que me dejó pensando un buen rato sobre qué tipo de asociaciones se activaron en su imaginación para inventar semejante variedad de árbol.
Mi hijo pequeño, Pablo, tiene 1 año y medio y mientras trata de perfeccionar su técnica para caminar, cada día se cae al suelo alrededor de 100 veces.
¿Qué tienen en común ambas situaciones y qué relación tienen la innovación y el aprendizaje?