Estos son mis viejos. La rusia es Mónica, mi mamá. El feliz receptor es este beso veraniego en Porvenir, Marito Jesús -don Mario, para los que saben qué les conviene- es mi papá. Esta parejirillija cumple hoy, 2 de febrero, 26 -sí, veintiseís- años de matrimonio. Y aunque hoy mi familia está disgregada por el globo: mi papá en Santiago manteniendo su rutina laboral, aunque probablemente con los matices de la vuidez de verano, mi hermano hace algo en el sur de nuestro país. Mi hermana y mi mamá recorren el viejo contienente y yo aquí, en los Estados Juntos, este día, lo celebramos como corresponde.
Cuando empezaron a pololear, por allá a finales de los 70s (la foto que ven es de 1979) tenían más o menos la misma edad que yo ahora... pero bueno, no tengo por qué ir por ese camino. La cuestión es que comenzó a gestarse lo que hoy es mi familia.Así, hace exactamente 26 años que se casaron. Era una noche de sábado. Hicieron el tremendo carrete y aunque yo no estaba -por razones obvias- tiene que haber estado harto bueno. Así se ve en las fotos por lo menos. Y se me hace lógico, hasta la fecha debía ser el día más feliz de sus vidas. Después llegamos nosotros, un año y medio después llegué yo, luego el '83 mi hermano Martín para terminar con la mocosa chica que arribó el '87. Está de más decir que el parsito forjó quienes somos. Aunque nuestros intereses sean poco coincidentes, aunque no votemos por los mismos candidatos, nuestras personalidades tienen su génesis en este par.
Por eso, y por el despelote territorial, con mis hermanos decidimos hacerles a mis papás un regalo aprovechándonos de las nuevas tecnologías. Si les interesa, métanse a monicaymario.blogspot.com y véanlo.
Por mi parte, padres míos, felicidades en su vigésimosexto aniversario.