Estas historias son verdad y fantasía. Son leyendas documentadas, almacenadas en los gruesos libros de la memoria colectiva. Historias maravillosas de guerreros a los que las lanzas o las balas les rebotaron. Historias fantásticas de cerebros que revolucionaron lo que se creía que era el mundo. Historias de amores imposibles e historias de revoluciones. Historias de personas que para bien o para mal, de mentira o de verdad, cambiaron de algún modo la faz de nuestro mundo.
Estas historias son las que se contaron alguna vez en las plazas medievales. Juglares las cantaron de memoria, las cantaron y bailaron. Viajando de pueblo en pueblo, dándole a cada relato su sabor único y especial. Añadiéndole, poco a poco, inmortalidad a Mio Cid.
Estas historias son las que se recogieron en libros de historia. Libros copiados a mano por monjes dedicados. Libros que dieron vida a Homero y a Virgilio; libros que mantienen vivos a Hércules, a los dioses griegos y al primer chascón revolucionario.
Estas son las historias que crearon las revoluciones del mundo moderno. Son las historias de las carabelas de Colón, de la manzana de Newton, del volantín de Franklin, de la guillotina de Roberpierre, la constitución de Washington y el comunismo de Lenin.
Estas son las historias que capturó el cine. Las historias de xenófobas de la Alemania Nazi y de un nuevo infierno judío. Las historias Pearl Harbor, de Hiroshima y de toda la segunda guerra mundial. De los Juegos Olímpicos modernos y de la ex ciencia ficción de Julio Verne.
Historias de periódicos y televisión, de mundiales de fútbol y del exilio español. Historias de sueños de igualdad y revoluciones en paz. Historias de caminar sobre la luna y mil historias en Viet Nam. Historias de esperanza y desolación. Historias de la India y de El Salvador; de Sudáfrica y de Sudán.
Sendas historias llenas de magia, fusiones de verdad y fantasías, mitos y mulas, realidad cultural.
Ésta historia es distinta, pero no tanto. Es una historia de valor, de carretes y de verdad y fantasía. Una historia repleta de historias, de vida cotidiana y de aventuras extraordinarias. No corres siglos ni eras, aunque sí meses y etapas. No tiene ni barcos en el mediterráneo ni manadas de camellos por el desierto, no tiene bombas ni espadas.
No es la historia de un héroe, sino la historia de un weón común y corriente...
continuará...