Agradecido de la beneficiosa sesión que tuve con el doctor Blog hace quince días (y en vista de que padezco de otras varias patologías psiquiátricas) decidí ir de nuevo. El doctor Blog trató, con sus trquiñuelas psicológicas* de sonsacarle a mi subconsciente las cosas que me placen de EE.UU.. Mi Súper Yo, sin embargo, se negó a reconocerlas y el doctor se vio obligado a llamar a Tony Kamo para que me hipnotizara. Luego de la primera sesión puedo confirmar las sospechas de todo Chile: Tony Kamo es un chanta y a Zalo Reyes le gustan las cebollas y es por eso que tiene una lágrima en la garganta. Recostado en el negro diván estaba yo y el doctor Blog en su sillón de tercipelo verde. Me miraba por sobre sus redondos anteojos y me dijo mientras acariciaba su barba con la mano derecha -gesto que, sospecho, ha copiado de mí- y golpeaba sus dedos uno a uno en el mango del sillón:
-Sebastián, el tuyo es un caso serio, complicado y fascinante. Reprimes de manera feroz tus instintos y sentimientos. Tu Súper Yo somete con látex y cadenas a tu Ello y tu Yo observa la esena fascinado y aterrrado como todo sadomasoquista reprimido.
-¡Guau! Doc, definitivamente, usted es un psicoanalista.
-Sí, lo soy.
-Freud, estaría orgulloso de usted.
-¿En serio? ¿Tú crees?
-Sí, doc. Usted es un sexópata. -Incómodo segundo de silencio. -En fin... -seguí -¿Cómo le hacemos?
-Tu subconsciente es todo un misterio. Te he citado hoy porque no sé quién puede ayudarnos.
-¿¡El Chapulín Colorado!? -comenzó a sonar en mi cabeza Autopsia de Javiera y los imposibles mientras mi concentración se alejaba haciendo fade out.
-¡Sebastián! -interrumpió a Javiera el vozarrón del doctor Blog. Con el chirrido de un cassette deteniéndose me vi de nuevo en el diván negro.
-¿Cómo te fue con el ejercicio?
-Mmmmm... más o menos. Sólo pude pensar en un par de cosas. Los puchos en el porche (la terraza en el frente de la casa) son como los de afuera de la FEUC y me gusta esto de no encerrarse tras rejas o murallas y las conversas con Claire y Azumi mientras dura el cigarro son bacanes. Claro que ser siempre el que invita el pucho me desespera un poco y no sé qué va a pasar cuando hayan 18 grados bajo cero.
-Okey. Te gusta eso de instalarte en el frente de la casa. Eso no pasa en Chile.
-No, eso me gusta de aquí.
-Bien. ¿En qué más pensaste?
-Me gustan también los pantalones que tienen cosas escritas atrás. Son ésos típicos pijamas o sports pants que las minas ocupan.
-¿Y dicen cosas?
-Pueden ser letras griegas o algún lugar... o la marca del pantalón. ¡Son la zorra!
-¿Creí que dijiste que era el poto, no?
-Doctor. Está bien que sea psicoanalista, pero no se me ponga cochino tampoco.
-Lo siento, lo siento. Tenemos los porsches y los potos con letras. ¿Qué más?
-¿Aparte de que la pega y la paga son buenas y que no gasto ni un peso?
-Sí, ¿algo más?
-¿De que con esa plata puedo viajar mucho y conocer muchas ciudades y lugares nuevos, como NYC, Washington DC, Filadelfia o Boston?
-Claro.
-¿Y de que estoy aprendiendo a hablar inglés más allá de Friends o Seinfeld?
-Ajá.
-¿Y de que las temporadas de Friends y Seinfeld en DVD están a mitad de precio aquí que en Chile?
-Sí.
-¿Y de que estoy conociendo nueva gente, haciendo amigos de todas partes del mundo y que si voy a viajar a Europa conozco gente en Alemania, Francia, Bélgica, la República Checa e Inglaterra? Además de Japón...
-Claro. ¿Algo más?
-No, po. No hay nada más de lo que le dije al principio. Los porches y los potos con letras. No pude pensar en nada más.
-Pero contando todo lo que me dijiste pudiste haber hecho una lista.
-Sí, pero Varas ya se anduvo quejando en un blog por ahí que esto de copiarle el formato se estaba haciendo costumbre.
-Okey, okey. No sé si sacamos algo nuevo en limpio. Pero se nos acabó el tiempo de esta semana.
-Vale doctor, nos vemos.
Mientras dejaba la consulta, él tomó se nuevo su novela, sentado en su sillón de terciopelo verde. Bajé la escalera alfombrada y crucé la galería, luego la sala azul y salí al porche, antes de bajar los tres escalones y miré por si los perros estaban allí, no estaban, el doctor los encierra cuando vengo, porque sabe que les tengo miendo. Ya vamos a empezar a trabajar en eso. Cuando ya caminaba por la senda cuando me topé con un tipo que iba hacia la casa. Seguro era su próximo paciente.
De pronto, me sentí como en un cuento de Cortázar. Definitivamente estoy loco, pensé mientras siguía mi camino caminando por el parque.
*Se requiere para la lectura de este post y los que le sigan, pronunciar la "p" inicial de estas palabras. ¡En castellano sólo la hache es muda caramba!