Mientras la primavera austral causa estragos mezclando estrógenos y testosterona y endorfinizando el ambiente, el otoño boreal está en pleno apogeo.
El árbol que ayer era verde, hoy es rojo, café o amarillo, y mañana estará desnudo. Salvo los pinos pudorosos, el resto los árboles se creen en una playa nudista en pleno verano. Mientras la lluvia copiosa, como novio inmaculado, les asiste en su desviste, los arces se sonrojan y sacuden, un poco riéndose y mucho nerviosos, como la novia que honestamente vestía de blanco.
Las excelentes bufandas que mi meme me tejió, ya se turnan según el azul o el rojo dominan el resto de la vestimenta y por turnos me recuerdan que soy un huevón por no traer mi boina y por dejar el paraguas en casa... En algún mall hay un par de guantes que gritan mi nombre desesperados y mis manos si se mandaran solas me cachetearían tanto para calentarse un poco, como para castigarme.
Ya está empezando a hacer frío... frío frío.