En cambio, si viajas (como yo) casi meridionalmente hacia el norte el cambio de hora es mínimo -dos horas en este caso- por lo que no debiera desfazársete el horario.
Lo que sí cambia es la estación. Mientras enero en Chilito es caluroso, lleno de piscinas, sudor, pantalones cortos y chicas en bikini; en Springfield es frío, lleno de nieve, bufandas y mujeres ocultas bajo mil capas de ropa.
Sin embargo, lo que la cultura patiperra desconoce es el jetlag climático. Y soy una víctima de él. Mi cuerpo aún mantiene esa necesidad de piscina, ese calor intenso y esa sed de sol. Las frutas maduran en verano y aquél es un proceso difícil de contrarrestar. Por eso, hoy, apenas hubo un quisquilleo de sol, saqué mi traje de baño y salí al frente de mi casa a tomar sol, jugué con la nieve... ¡hice castillos de nieve! De alguna forma he de mantener el bronceado fascinante que me traje del verano, ¿o no?
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