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jueves, diciembre 22, 2005

Carta de Navidad

Querido Viejo Pascuero,

Haciendo cuenta de que existes y obviando el hecho de que no eres más que una burda mentira que los adultos le inventan a los niños al mismo tiempo que una de las condiciones para que les traigas los regalos es que no mientan (los niños, no los adultos; nosotros siempre mentimos y como no creemos en ti nos da lo mismo), una burda e inconsecuente mentira potenciada por el ánimo intrísecamente mercantil del márquetin de la Coca Cola y de todas las empresas que explotan el espíritu navideño para aumentar sus utilidades aumentando las horas de los turnos y alejando a las personas (tanto vendedores, cajeros, administradores y gerentes, como madres, padres, pololos... consumistas en general) de la vida familiar, de la cena de Navidad y de la Santa Misa que celebra el nacimiento del Dios cristiano hecho hombre, razón fundamental de la fiesta. En fin, haciendo la vista gorda y aceptando que eres un símbolo con tu traje rojo y tu larga barba en pleno verano, te escribo esta carta, porque he sido un buen niño este año (Me titulé, he eliminado el alcohol, el sexo y las drogas de mi vida y tengo hartas visitas en mi blog, que es lo más importante).

Bueno, en realidad hay muchas cosas que quiero. Quiero una guitarra, aún no tengo claro cuál; una Trek 6500 para salir de viaje, todas las temporadas de Seinfeld y la que me falta de Friends, un plan de 500 minutos para mi celular, un notebook nuevo con tarjeta de video, lector/copiador de DVDs, el doble de RAM que la que tengo ahora y la mayor cantidad de Gigas de memoria que exista en el mercado, el último libro de Harry Potter en castellano, los dos primeros discos de Los Bunkers (debo confesar que los tengo pirateados), que Juanelo me mande un saludo y una noche con Britney Spears. ¿Podrías hacer mis sueños realidad?

Lo triste, lo más triste, es que ni siquiera estos sueños banales algunos, ridículos otros y no tan banales, no los podrás hacer realidad. A lo mejor, alguien me regalará los discos o el libro, a lo mejor después de trabajar su resto podré comprarme la guitarra y creerme un rock star sin groopies ni fans, o robarme la bici y volver a viajar en dos ruedas, pero esa alegría puede no transformarse en felicidad.

La Navidad es una fiesta, como toda fiesta es una excusa para celebrar. Es una excusa para celebrar con la familia, en las oficinas, con los amigos, con la gente que uno más quiere y con los que debría querer más. La Navidad, incluso desde el punto de vista cristiano, es la celebración de la entrega de los más preciado a los demás, la entrega de Cristo a los hombres que incia el proceso de la nueva alianza de Dios con la humanidad, se trata de eso: de entregarse, de la solidaridad, del amor entre los hombres.

En realidad tengo un sólo deseo para esta Navidad. Suicídate, déjate atropellar por tu trineo y dejanos en paz. Sí me gusta recibir regalos y me gusta la idea de que sea mi papá, mi mamá quienes me los regalen. San Nicolás, aquél que le llevaba regalos a los niños huérfanos en Alemania por allá por el año del pico, se asfixio con esas barbas plásticas y se deshidrató gritando "Jo, jo, jo!" en la plaza de Armas con 30° C. Y con él, la idea de la Navidad. Este año, déjame a Elmer en paz.

Sé que este post ha sido furioso. Pero si hay cosas que me molestan, tú eres una de ellas.

Sinceramente,

Sebastián