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domingo, diciembre 04, 2005

Los Bunkers en el Teletón...

El sábado alrededor de las 19.30 estábamos por primera vez en una cola de dos cuadras esperando el concierto de Los Bunkers. Ansioso y enchapado, pero algo escéptico esperaba que se abriera el telón, mientras mucha gente -la mayoría más jóvenes que el grupo que éramos- saltaba y saludaba a las cámaras que iba poseyendo cada minuto del evento para el DVD que saldrá a la venta.

De pronto se inció la música. Una pieza instrumental indiscutiblemente búnker, aunque desconocida hacía de apertura. Cuando terminó comenzó el re menor del inicio esperado: el primer sigle de Vida de Perros, Ven Aquí. Las guitarras de los hermanos Durán y la voz de Álvaro López (no hablemos de sus chistes mejor) y una ausencia notoria del disco anterior La Culpa lograron encender al público del Teletón; sonaban sólidos, ordenados, perfecto, pero no lograron emocionarme. Eché de menos los comentarios de Álvaro Henríquez y la intimidad del Teatro Providencia. Sentí que le faltaba sentimiento al recital. No puedo dejar de recodar otros conciertos que lograron tocar fibra. Las canciones cortas, un rock and roll criollo del bueno, un coro de miles de personas armaron un concierto que se me hacía un acorde completo y limpio. Un buen concierto que habría preferido oír sentado. A la hora y cuarto dejaron el esenario por primera vez. Mientras el público gritaba y pedía más, dije: "Aquí es donde dejo que los otros hagan el trabajo", era obvio que sadrían de nuevo y no sentía esas ansías de pedir más.

Salieron de nuevo. Basualto comenzó a percutir compaces en 6/3 y las palmas lo siguieron, estaba tan desconectado del concierto que hasta que López comenzó el fa sostenido menor que iniciaba La Exiliada del Sur no caché qué pasaba. Ahí mi concierto aceleró, el conjunto vocal de Los Bunkers lo sentí con fuerza. Tocaron un buen rato más y comenzó Canción para mañana. Cuando la gritaba, sin escuharme en lo más mínimo, me sentí escuchando ese poema por primera vez:

Ayer agonizó el amor dejó camisas que esconder,
un par de gafas para ver lo que mañana puede aparecer.
Ayer agonizó el amor, la muerte no dejó escoger
¿y quién puede resucitar las flores que pisaste ayer?.
Demasiados imposibles para no morir feliz,
para qué contar estrellas, para qué vivir por ti.
Sólo la muerte me puede esconder,
nadar de espalda a ti también te sienta demasiado bien.

En ese momento no extrañé nada de otros conciertos. Esa letra cantada por esas voces con aquella fuerza, despiertan una pasión por vivir, identifican una generación que no se queda en el dolor del pasado, sino que reconociéndolo y a partir de él busca crearse un nuevo espacio. En ese momento la adrenalina se sentía fuerte, si tueviese olor, hasta yo habría podido olerla.

Así como cada obra tiene tiene un clímax, éste fue el de ayer: el de una banda que ya no es promesa, que se encumbra para hacerse el grupo de rock chileno de la década de los 2000, como lo fueron Los Jaivas en los 70, Los Prisioneros en los 80 y Los Tres en los 90: Los Bunkers son el rock de una generación de la que yo soy de los viejos. Los Tres de una generación de la que yo soy de los chicos, qué suerte tuve de tener entre 15 y 25 entre 1995 y 2005.